El discreto encanto
A CONTRACORRIENTE
Por Ramón Peña Melche
El café es la bebida que tiene un discreto encanto. Este encanto sólo se descubre con el tiempo. La calidad implica otros dos encantos, el sabor y el aroma.
La más importante es la calidad del café. La clave de todo, un café de buena calidad siempre es muy disfrutable. Su fino y delicado sabor, un delicado aroma, que no sature el ambiente, esto se logra al servir el café a una temperatura ideal, solo de esa manera se obtiene la riqueza de esa exótica bebida. ¿Cómo toma su café el señor?, son palabras que hace mucho no se escucha en una cafetería. En el presente todo es premura, no hay tiempo ni para disfrutar de una buena comida, preparada con esmero por una chef, que el comensal ni disfruta, apenas si distingue un platillo del siguiente, por mucho que pague por ella. Ese no sabe lo que es disfrutar de la vida, de esos pequeños placeres hacen que la vida sea digna de ser vivida. Un buen café tampoco se toma con premura, hay que tener tiempo, darse el tiempo necesario para disfrutarlo.
Para tomar café se requiere de tiempo, pues es una bebida que no se toma fría, se toma con tiempo suficiente para disfrutarla. Una buena taza de café, se puede tomar de píe y de prisa, pero no se está disfrutando de ella.
El disfrute de la taza del café, no es solo el café mismo, la atmósfera del lugar, el tiempo siempre valioso para todos, quién toma un café sin tener tiempo, es perder un placer en la vida. Lo mejor es disponer del tiempo para disfrutar de la taza de café y sobre de todo esto, la plática con un amigo, aunque yo prefiero la compañía de una amiga. Me es estéticamente placentero observar, como la expresión de su corporalidad armoniza el café y ella. Disfruto de esos delicados movimientos, para tomar el sobre del azúcar, la forma delicada, casi etérea de mover la cuchara, cómo llevan la taza a la boca y apenas mojan los labios en la bebida. Lo disfruto horrores. Después la plática, que puede ser sobre las cosas más triviales, o de literatura, o de cine, o de lo que sea, en este momento poco importa, el café hace sentir todo, basta sentarse a disfrutarlo. Lo peor que se puede hacer es tomar café con un político, esos sí que desgracian todo. Son tan patéticos, que descomponen al café más fino. También para ser justo, los que se dan de intelectuales, son simplemente insoportables.
Pero el café tiene el placer de ser una de las pocas bebidas que se pueden tomar en la más absoluta soledad. La verdad sea dicha, no existe la más absoluta soledad, pues cabe siempre la posibilidad de estar con uno mismo, dialogando sobre las cosas más privadas, sobre las cosas más íntimas del ser, del saber y el poder estar con uno mismo. Esos momentos donde se reflexionan más que las cosas, los sentimientos, se precisan, se buscan y encuentran. Esa es otra de las bondades del café. Se puede tomar solo y sin compañía. Hay veces que es más disfrutable de esa manera.
Yo tomo el café sin azúcar, hace muchos años que lo hago de esa manera. Solo así puedo paladear de todo su sabor y la calidad de la bebida. El azúcar deja al café sin su sabor. Es como ponerle azúcar a la cerveza, para quitarle ese sabor amargo. No me gusta ponerle crema, leche, o esa porquería sintética que usan en el presente, me descompone completamente mi bebida, no es nada disfrutable, para eso tomo café. Me gusta en taza, puede o no tener decorados, adornitos, lo que quiera, pero no hay como una taza. No, por favor, no me den en vaso desechable, es como una mentada recibida aun en pijama.
¿Pero sabe una cosa querido lector?, tome el café como le dé su regalada gana y disfrute de él. No puedo dejar de reconocer que gracias a esas revolturas horripilantes que hacen con el café, los jóvenes regresaron a las cafeterías, bueno y que bueno.
En el presente hay algunos pocos buenos lugares donde puede disfrutar de todas las bondades del café. No importa el orden ni nada por el estilo, cada uno de ellos tiene su discreto encanto, lo dejo para que usted decida.
El café Aroma, en la tres poniente; efectivamente huele a café, ésa es su virtud. Una cafetería que aun huele a café. Aun se pueden ver la variedad de granos, su calidad, la mezcla de la casa; comprarlo por kilo o sólo por taza. Un lugar agradable, pero no sé porque, no se me hace un lugar acogedor. Madera, poca luz, la música es francamente un desastre, muy mala música, si tan solo la pusieran en un volumen más bajo, y de jodida, una buena estación, pero eso sería pedirle olmos a los perales. En alguna mesa una señora lo verá con expresión severa, siempre entretenida con los juegos de palabras, es la propietaria. El lío es que no hay estacionamiento y esa calle nunca encuentra uno lugar, enfrente a la cafetería, hay un estacionamiento pero cuesta $12.00 la hora. Al final se paladea un muy buen café acompañado de un exquisito aroma. Vale la pena.
Un lugar verdaderamente disfrutable, es Mestiza, pequeño, acogedor, decorado con una extraordinaria delicadeza y muy buen gusto. El café es de primera, la pastelería ni que decir, las gelatinas muy ricas, los viernes, una comida franciscana viene bien. Las sillas son de esas llamadas de director, rechinan al menor suspiro del cafeinómano, pero no es molesto, es más puede ser hasta agradable, una imperfección entre tanto buen gusto, le da un toque humano. Autoservicio ¡magnífico!, para los espíritus independientes, pide en barra y lleva a tu mesa, a los clientes habituales nos identifican por nuestro nombre, nos avisan que está atendida nuestra orden. La música es de una muy buena calidad, aunque hay veces que se emocionan y la ponen en un volumen que bien puede ser molesto para un chocoso como yo, pero es disfrutable. Es muy íntimo, muy personal no solo en el trato, siempre hay una gran proximidad con los parroquianos, por eso no es un lugar para contar secretos, es imposible decir un secreto, a menos que sea sordomudo y use el lenguaje apropiado para platicar. Para el resto de los mortales, no se puede, nada de pretender seducir a una bella mujer, todos se enteran de sus negras intenciones. Cabe la posibilidad de que le animen, pero lo dejo bajo su responsabilidad. Mestiza fue pensada para el que disfruta de todo en la vida, para los hedonistas como yo, el placer en los cinco sentidos. Eso sí, lleve un buen libro, una revista, o de plano sea desinhibido, hable de lo que se le dé la regalada gana, al final es cosa de cada quién. Uno de los pocos lugares verdaderamente disfrutables.
Otro lugar donde puede uno pasar un buen rato tomando un café de una regular calidad, es Punta de Cielo. La primera vez que entré en contacto con este lugar fue en una gasolinera en San Luis Potosí. El café se me hizo exquisito, me conecté a internet sin mayor problema. El auto servicio me pareció muy bueno, no hay molestos jóvenes que lo anden a uno apurando y arriando con el café. Los tres tamaños que sirven, siempre el mediano es mi elección, pues no se enfría y lo disfruta plenamente. Al fin llegó a Puebla, desde que llegó la calidad del café no es la misma que probé por primera vez. Regular, nada fuera de un café común. La facilidad de internet, que es ahora una necesidad que ni duda cabe. Lo molesto, es que es punto de reunión de la mezquina burguesía poblana, niñas bonitas, niños igual, cabecitas huecas, hablan con un volumen exagerado de sus vacías vidas que no llenan ni con un fin de semana de compras en Rodeo Drive. Caras que paren oler caca todo el tiempo. Todo tiene solución en la vida, unos audífonos son más que suficiente para no oír nada. Un buen libro es mejor compañía. Usted tome su café y asunto terminado. Eso sí en vaso desechable.
Otro lugar que es muy parecido al anterior el Starbucks, confieso que me gusta más, el café más o menos de calidad, lo puede uno pedir en taza, amables los jóvenes que los atienden, hasta parece que de verdad lo esperan a uno, una sonrisa, y no una cara de perro como en otros lugares, tu pides y te llevas a tu mesa, eso si te llaman por tu nombre. Si te llamas Pancracia, dices Pam y asunto terminado. Me gusta como lo dije arriba, un lugar disfrutable, el aire acondicionado siempre solicito que lo prendan, pues es tan caluroso el interior como el exterior. Punto de reunión de ya lo dije antes, así que se resuelve el problema. Un buen lugar para trabajar, para estar. El autoservicio tiene sus consecuencias, la gente en este país, no se lleva su basura, la deja en la mesa, hay veces que parece que comió una piara, pero bueno, una mirada severa, los hace regresar. Si no los jóvenes que atienden limpian y san se acabó. Eso sí, no huele a café más que con buena voluntad.
Hay un lugar con buen café, buena pastelería, tiene de todo un poco, en la 43 poniente, es creo N. Y. Coffee, caro como si lo tomara en N. York. Elitista, pero para eso es la democracia, para joder la exclusividad. Vale la pena. Pero más caro, sólo el Tartlets o algo así, pero no me gusta. Un buen lugar de ligue de señoras de edad mediana, con mente de la edad media, pero lance el pial y haber que pica, bajo responsabilidad suya.
Hace años, se inició una cadena de cafeterías que se llaman Italian Coffee. Muy al principio, la calidad del café buena, con momentos mejores; en el presente malo, muy malo. Cómodo, con servicio de internet. Codos hasta la saciedad, no se puede uno conectar a la energía eléctrica, solo en algunos, pero siempre son los peores lugares. Si le gustan esas revolturas, bueno, serán las delicias de su vida, gracias pero paso sin probar. Caro, pero que digo, muy caro sinceramente, pero al final como florecen como los hongos en la temporada de lluvias, pues es casi un lugar de visita obligatoria. Otra de las cosas no me gusta el servicio son jóvenes en un empleo temporal y no creo que existan estímulos para su permanencia, esto puede explicar el servicio que tienen. Además los propietarios no lo ven como un café, es un negocio, en donde lo único importante es hacer consumir y la mejor manera es terminaste tu café, paga y adiós. No, no me gusta ese lugar, pero debo de reconocer que al final, uno pasa a tomar un café a la carrera.